Virus que matan

Autor: Por David Montalvo

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Si lo que vas a decir no es más hermoso que el silencio: no lo digas. – Proverbio árabe

Muchas personas pueden perdonar que robes, que mates, que comentas una injustica pero es IMPRESIONANTE cómo no soportan, no toleran y a algunos hasta les hierve la sangre y sacan humo por las orejas al ver que otros son más exitosos, les va mejor o viven más felices que ellas. Lo más triste es que muchas veces ni siquiera los conocen.

Algunas frases que he escuchado para que me entiendas mejor:

“¿Y esa qué se cree que se la pasa sonriendo todo el día?” “Mi amiga adelgazó pero en cualquier momento va a rebotar, de mi te acuerdas” “A Pedro se ve que le ha ido bien pero han de ser puros negocios chuecos o pura piratería, no es tan inteligente como yo” “Jorge se ve muy feliz, si supiera lo que yo sé de su esposa” “Ni qué fuera tan exitoso, yo puedo hacer lo mismo que él en cualquier momento” “Ni ha de tener amigos, a nadie le cae bien”…

Esto es en el pan de todos los días. Gente que ansía encontrar el punto negro en la hoja en blanco. Ya lo decía Khail Gibran, «El silencio de los envidiosos está lleno de ruidos».

Si nos pusiéramos a pensar:

¿Cuántos jefes conoces que hacen hasta lo imposible por despedir a un empleado valioso sólo por sentirse opacados? ¿Cuántas “amistades” que sólo se dedican a soltar basura de los demás o algunos que ni siquiera te conocen pero hablan a tus espaldas sólo por ganar que alguien los voltee a ver? ¿Cuántos supuestos colegas que están más enfocados en nuestros errores que en su propio trabajo? ¿Cuántos maestros que reprueban a sus alumnos simplemente porque los retan o por no estar de acuerdo con su pensamiento? ¿Cuántas personas que están a favor de nada y en contra de todo que critican escondiendo la cabeza como avestruces ni siquiera dando la cara?

Vaya que desde hace tiempo estoy expuesto a las críticas por el simple hecho de ser comunicador, pero me impresiona que éste año personajes como los que te menciono arriba estén aumentando más que nunca; aunque sinceramente ya se nos había advertido que el 2009 sería un año difícil.

A algunos se nos adelantó la noticia desde diciembre pasado; por diferentes medios nos enteramos que no sólo se avecinaba una dura crisis económica sino también que bajaría mucho el nivel de energía de toda la población mundial. Lo que era un simple rumor hoy es una realidad palpable.

En éste 2009 dijeron algunos «visionarios», (inclusive las profecías mayas) que mucha gente se iba a desenmascarar. No sólo se habían pronosticado catástrofes naturales, epidemias, un segundo golpe a la economía de Estados Unidos sino también que como nunca habría mucha depresión, traiciones, infidelidades, demandas, injusticias, “golpes bajos”, y que ahora la gente “cual víboras” iba a hablar hasta por los codos de los demás con tal de cubrir sus propios intereses.

En otras palabras, muchos iban a sacar a la luz su verdadera personalidad y no precisamente para fines muy positivos; sin importarles los años de “amistad”, la trayectoria en la empresa o el “conocerlos” de “toda la vida”, iban a hacer todo lo posible con tal de satisfacer sus necesidades aunque tuvieran que aplastar a quien se pusiera enfrente. Y es justo lo que está pasando.

Aunque la verdad es triste y lamentable darnos cuenta de cómo muchos seres humanos en lugar de unirse se están haciendo garras unos a los otros, no pretendo ser alarmista ni acercarte al drama sino todo lo contrario. Necesitamos despertar, abrir los ojos y darnos cuenta que existen virus más peligrosos que la misma influenza porcina como la crítica, la cizaña o la envidia por mencionar algunos.

Estos virus mortales se pueden contagiar de forma bastante rápida y más en tiempos difíciles, donde la gente quiere encontrar culpables de todos sus males; además si no se atacan a tiempo pueden incubarse en el alma el resto de la vida y sus consecuencias son fatales: van asesinando silenciosamente a la persona hasta dejarla totalmente vacía.

Y bien sabemos que una vida entre más vacía más pesa. Es precisamente la razón por la cual el “infectado” se convierte en un obstáculo para el crecimiento de la sociedad.

Hay que tener cuidado porque muchas veces estos virus se camuflagean con frases como: «Te lo digo porque soy tu amiga», «Lo que yo digo no es para criticarte pero…», «Te lo digo, pero no para destruirte», «Ojo, no te lo digo para que te vaya mal», «Te lo digo porque te quiero», «Me dijo la prima de una amiga que Fulanito es un tal por cual…». Al final la intención es la misma: criticarte, perseguirte o descalificarte.

Pero ¿por qué sucede esto? Te respondo de forma directa y sin escalas con una frase que me compartió mi amigo Javier Lara hace algunos meses: “No hay personas malas, sólo hay niños maltratados”. Y eso no significa que hayan recibido golpes en su cuerpo, pero sí en el corazón. Muchas de las personas que viven en este nivel de energía tan bajo donde esa cizaña, envidia y crítica forman parte de sus conversaciones diarias, no son más que fruto de la falta de amor. Definitivamente cuando no ha sanado sus heridas, una persona lastimada, lastima.

Esto no es para justificar a toda esa gente, sino sólo para comprender el fenómeno de por qué tantas personas (inclusive algunas hasta dicen que “nos quieren”) tienen la manía de joder todo el tiempo y casi transpiran esos tipos de virus. Desafortunadamente el final de la historia es la misma, entre más infectados más hablan y entre más hablan más terminan siendo verdugos de su propia vida, sus peores enemigos.

Definitivamente no podemos pretender cambiarlas ni hacerles que entren en razón. Es un proceso personal, mismo al que tal vez ni siquiera se acerquen en ningún momento de su vida (ojalá y sí). Pero tampoco podemos quedarnos a sufrir el calvario con ellos.

Por lo pronto, la mejor solución es no engancharnos, no hacer caso, cortar de tajo y alejar todo tipo de relación tóxica (Léase: jefe, pareja, amistades, familiares) que en lugar de hacernos crecer nos aprisiona y nos quita la tranquilidad.

Creo también que existen personas más “infectadas” que otras, pero sea el grado en el que se encuentren, es URGENTE para el momento que estamos viviendo hacer una limpia de todas aquellas que simplemente ya no van con lo que queremos. Recuerda, no es porque sean malas por naturaleza, sino porque ni nos ayudan ni les ayudamos, simplemente (aunque se escuche fuerte) estorban en nuestro crecimiento.

A veces, lo más chistoso, es que a algunas personas con esos virus ni siquiera las conocemos y sólo recibimos la estela de sus comentarios. Precisamente son a las que menos caso les debemos de hacer y en donde no hay de qué preocuparse.

Un ejemplo de ésto es cómo algunas personas se escudan en los mismos “anónimos” o “pseudónimos” para hacer toda clase de comentarios en muchos blogs o sitios de internet que permiten que la gente participe. Lo más interesante es que lo mismo pasa en la vida: algunos se proyectan gritando lo peor para callar sus propios males pero sin dar la cara. El resultado es el mismo. Son virus caminando sin nombre pero que de cualquier manera contagian, enferman y matan a las personas que no están protegidas y o aquellas que le dan el control de sus vidas a terceros.

Si algo he aprendido es que no estamos en este mundo para cumplir las expectativas de nadie, ni siquiera para convencerlos o que a todos les agrade lo que hacemos. Claro que siempre es bueno recibir una crítica constructiva o una orientación pero, hay que saber distinguir esos comentarios de muchas flechas venenosas con la intención de sacarnos de balance.

La pregunta que se antoja entonces es:

-David, pero ¿qué podemos hacer?

Primero que nada tenemos que entender que no contamos todavía con el antídoto suficiente para que todos los seres que habitan este planeta se limpien de esos virus en un par de días, y aunque sí existiera necesitaríamos de su cooperación voluntaria, por lo cual probablemente tratar de eliminar los virus de todos los humanos es una tarea titánica.

Lo que sí podemos hacer y está en nuestras manos, es decidir quién a partir de hoy entra en nuestra vida: por un lado, personas que nos ayuden a crecer, libres y dispuestas a darnos “estirones de oreja” cuando sea necesario o por el otro, personas atrapadas en su propia soledad, ego y ganas de llenar un vacío con sus palabras que dañan.

Si en algún momento te topas con alguna persona «infectada» del virus de la negatividad, la crítica, la envidia, el rencor o la cizaña, sé responsable con tu país y aléjate lo más pronto que puedas.

Si por el contrario, de pronto te sorprendes a punto de hablar basura de alguien, mucho más si no lo conoces, recuerda que a ningún crítico le han construido un monumento, quejarse cualquiera lo puede hacer pero hacer que las cosas sucedan muy pocos.

Piensa también que las palabras que salen de nuestra boca son simplemente el reflejo de lo que llevamos dentro. Si cultivamos amor, cosecharemos amor. Si cultivamos dolor y pensamientos tóxicos, eso es lo que le daremos a los demás.

No podemos controlar lo que dice la gente pero sí lo que sale de nosotros y cómo lo interpretamos. Por eso la siguiente vez que hablemos procuremos que nuestras palabras sean mejores que el silencio y descubramos en los comentarios negativos simples virus de los cuales podemos evitar contagio con el mejor antídoto: Saber elegir a las personas que entran a nuestra vida.

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