PONTE TU NARIZ

Autor: Por David Montalvo

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David Larible no es un personaje cualquiera. Es un ser humano excepcional nacido en Verona, Italia, que desde los ocho años supo que quería ser payaso. Hoy es estrella del Circo Ringling Brothers.

Hace unos años lo invitaron a México y una señora le dijo:

—Tengo un problema muy grande: mi hijo tiene 10 años y mi familia piensa que está loco porque siempre está con su nariz de payaso, se duerme con ella, él quiere ser payaso y la familia cree que está loco.

David comentaría luego al respecto: “Y yo pienso que si un niño juega con una pistola eso es normal, pero si un niño juega con una nariz de payaso se piensa que está loco. Ésta es la sociedad en la que vivimos hoy. Una persona que se pone una nariz ¡cómo va ser considerado loco! Para mí son héroes que nos dan alivio en momentos críticos como los que estamos viviendo”.

Colocarse una nariz de payaso va más allá de una acción loca, cursi o desenfrenada. Colocarse una nariz de payaso y salir a la calle es ir más allá de la crítica, los comentarios de los demás, romper paradigmas y creencias.

Bien dicen por ahí que el respeto humano es la guillotina de los santos. Yo le agregaría del bombero, el policía, el político, el empresario, el maestro, el padre de familia.

El respeto humano aniquila a los hombres soñadores. Comienzan con una gran idea, pero en el momento de recibir comentarios como: “Ponte a hacer algo de provecho”, “Qué loco estás”, “A quién se le ocurre semejante barbaridad”, “Aquí eso no funciona”, se deslizan entre la resbaladilla que separa a los exitosos de los que tenían ganas.

Estoy seguro de que este niño del cual habla David lo hubiera hecho de igual manera frente a su amigo del colegio como ante el presidente. Eso es valentía. Eso es no importarle lo que opine el otro.

Miedo es tratar de ocultarse tras una imagen que no corresponde, para poder ser aceptado. Miedo es precisamente que nuestros gobernantes se pongan el cartel de “Aquí sólo truena mi pistolita”, desapareciendo del mapa a todo aquel que opine diferente a ellos.

Nuestras narices de payaso son a diario una idea emprendedora: creencias positivas, un estilo de ropa, un grupo de amigos, nuestros valores, principios, sueños, nuestra nueva forma de pensar. Narices que a veces guardamos por temor a lo que vaya a decir el vecino.

No se trata de ser egoístas, ni de pensar que el mundo no existe. Claro que hay personas que nos ayudan a mejorar, pero hay que saber elegir los comentarios y quedarnos con lo que realmente nos sirva.

En la película-documental ¿Y tú qué @#V!* sabes? hacen la comparación entre qué lente llega a observar más: el de la cámara que estaba en ese momento grabando la entrevista, o el del humano. La respuesta correcta es el lente de la cámara, porque ésta no juzga.

Hay tantos juicios o creencias negativas en nuestra mente que nos ciegan al conocer gente nueva; que nos impelen a ser “reservados”; que nos hacen “masificarnos”, ser uno más del montón. Vivimos cegados comportándonos de acuerdo a fundamentos sociales que sólo nosotros hemos ido creando.

Al final de una conferencia¸ una adolescente se me acercó con lágrimas en los ojos para platicarme de una experiencia vivida, pero sobre todo para hacerme una pregunta:

—David ¿cómo le hago para decirles a mis papás que quiero ser baterista sin que me regañen o me peguen?

¡Qué increíble que todavía ni siquiera hablaba con sus papás y ya estaba escondiendo su nariz! La escondía por razones que comprendo, ya que sus papás estaban decidiendo cada paso que daba, privándola del poder de elección.

Estoy seguro —porque lo he experimentado y lo he visto en miles de personas— de que nada ni nadie puede influir negativamente en tu vida si tú no les das el permiso.

No te detengas cuando desees ponerte una nariz de payaso y salir a la calle con algo positivo en mente, aunque los demás se te queden viendo con cara de extraterrestre. A fin de cuentas, el clavo que sobresale recibe siempre un martillazo.

Créeme que será más humano que jugar al enmascarado y te sentirás más libre. A fin de cuentas, quien gozará o aprenderá de sus propios resultados eres tú. Nadie más lo hará por ti, ni siquiera los que te critican. Haz la prueba y luce tu particular y muy propia nariz.

Extracto tomado del libro “Rompe la sandía de tu vida”

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