La vida que quieres

Autor: Por David Montalvo

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Nada ocurre porque sí. Todo en la vida es una sucesión de hechos que, bajo la lupa del análisis, responden perfectamente a causa y efecto.
-Richard Feynman (Físico estadounidense)

Deja de ser prisionero de tu pasado. Conviértete en el arquitecto de tu futuro
-Robin Sharma (Autor de El monje que vendió su Ferrari)

“¿Vivir la vida que quiero?… Estás loco David. No seas utópico. ¿En estos tiempos? ¿Con esta inseguridad? Hay muchas responsabilidades, tareas que cumplir, gente que está a mi cargo, tengo a mis hijos, mi esposa. Mejor disfruto lo que tengo y me tocó, es más que suficiente”.

Probablemente eso fue lo que surgió en tu mente al leer el título de este artículo. Tal vez no, pero te puedo asegurar que mucha gente realmente así es como piensa y observa su realidad: una sucesión de eventos que “le tocaron” y que “tiene” que sobrellevar.

Hace unos días dediqué un tiempo para contestar todos los correos que tenía pendientes, que amablemente me enviaron algunos de los suscriptores o seguidores de nuestra comunidad con algunas de sus inquietudes sobre cómo podían empezar un buen año.

Una de las consultas que más se repetía en mi bandeja era sin duda: ¿Qué puedo hacer para tener la vida que realmente sueño y no la que me han impuesto?

Mientras leía cada uno de los correos recordé un caso que el psicólogo español Ricardo Ros compartía en uno de sus escritos:

“Mariángeles ha vivido toda su vida dependiendo de alguien. Primero de su madre, después, cuando se casó, de su marido…Por ejemplo, me cuenta que su madre la matriculó en un curso de peluquería, sin consultarla, y que después le buscó un trabajo de peluquera sin preguntarle su opinión. Ahora su marido toma todas las decisiones, la obligó a dejar de trabajar, y decide todo sin preguntarle nada. “Me siento muy triste, me dice, porque mi marido no ha querido tener hijos y sé que tiene varias amantes. Mi vida es un desastre, pero no sé cómo escaparme y rehacer mi vida”

Lo mismo que le contesté a este grupo de gente deseosa de encontrar la fórmula mágica para una vida nueva es lo que le recomendaba el psicólogo Ros a Mariángeles y que incluso yo comparto en mis conferencias: El problema no es que mueras, sino que no hayas vivido como pudiste haberlo hecho, por siempre estar buscando la aprobación o el agrado de los otros, en lugar de tu propia satisfacción. Nadie te ha impuesto nada, mientras tú no les entregues el permiso de hacerlo. Al final la decisión es tuya.

He conocido muchas Mariángeles en mi vida, cansadas, hartas y desesperadas por seguir en el mismo lugar de siempre. Y paradójicamente, en todos los casos son personas que realmente quieren vivir diferente, más felices, más saludables, financieramente libres, pero que en su inconsciente siguen pensando que están atadas a un destino, a una historia ya marcada, en donde los exitosos siempre están afuera y el fracaso es lo que les tocó a ellas, por una mera casualidad.

En otras palabras, sienten frustración por seguir así pero al mismo tiempo les da pavor saltar la barda a una mejor y más positiva forma de vivir.

A lo mejor tu caso no es el de Mariángeles, pero si el de Pedro: un señor que conocí de cuarenta y tantos años que pudiendo vivir lo que siempre soñó se conforma con lo que “siempre le tocó”. De esas personas que están en el limbo entre lo que desean con lo que aparentemente “tienen” que hacer. El problema es que estando ahí, se escapa cualquier sentido de plenitud o trascendencia.

Sea lo que sea, estos correos me hicieron cuestionarme algunas cosas que he venido repasando en estos últimos meses:

¿Estás viviendo la vida que realmente soñaste? ¿Tu vida perfecta? ¿Esa que pudiste haber descrito al genio de la lámpara antes de experimentarla?

¿Por qué mucha gente que parece tenerlo todo, no logra vivir como realmente quiere?

Te lo resumo en 4 factores que me ha tocado observar:

1) Porque no creemos que sea posible: Desde pequeños se nos dijo que nos conformáramos con lo que teníamos, que así nos había tocado por suerte o destino, que le agradeciéramos a Dios y listo. Pensar en una vida mejor, con más abundancia, más alegría, mejores relaciones o con un trabajo disfrutable podría verse para muchos como avaricia o egoísmo. Es por eso que a muchos les cuesta una barbaridad salir de esta creencia, porque así diseñaron su realidad desde siempre.

2) Porque pensamos que es difícil: Cuántos no escuchamos frases como “Los ricos son malos” “Los exitosos son los que tienen más contactos” “¿Quién me va a escoger como pareja?, mejor me conformo con el primero que llegue” “Ni modo, es que así me tocó y a cargar la cruz, no me queda de otra”. Para estas personas el hecho de pensar en un tipo de vida mejor ya implica una fuerte dosis de estrés y de preocupación.

3) Porque vibramos bajo: Muchos desean ganar más dinero pero siguen envidiando el coche del vecino. Quieren paz pero se la pasan pegados al televisor para enterarse de más noticias. Vibrar bajo es cuando estás con pensamientos y emociones negativas a causa del ambiente que ellos mismos generan. Le envían al Universo sus quejas y negatividad, y el Universo les regresa lo mismo.

4) Porque no tenemos un propósito: Muchos no llegan al nivel de vida que desean porque no saben ni porqué se despertaron esta mañana. Dicen “Quiero superarme” “Quiero salir adelante” y cuando les preguntas ¿adelante de qué o quién? No saben responderte. No existe un propósito para todas sus actividades. Simplemente se limitan a respirar.

5) Por querer complacer al de al lado: Nos la pasamos viviendo vidas ajenas. Estamos pensando en qué quieren nuestros padres, nuestros hermanos, nuestros maestros, nuestra pareja. Y al final del día, lo que menos importa es lo que queremos nosotros mismos. Estamos en una búsqueda compulsiva de recibir la aceptación de la sociedad frente a todas las decisiones que tomamos. Y si nuestro modelo de vida no encaja con lo que desearía el mundo de nosotros, todo se cae y preferimos seguir como siempre, como ellos quieren.

¿Te confieso algo? Hace algunos años me costaba mucho entender el por qué la gente no se daba la oportunidad de cambiar, de rehacer su vida, de encaminarse hacia lo que realmente querían. Me pesaba mucho más, cuando eran personas que solicitaban algún tipo de consejo o asesoría. Y a pesar de que tenían “muchas ganas” hacía falta una enorme intención para ponerse en acción.

Hoy sé que el cambio es un proceso personal y respetable de cada quien. Hoy entiendo que cada uno de nosotros lleva instalado un código de información único que le hace tomar una u otra decisión. Pero también sé, y lo he comprobado cientos de veces, que existen algunos atajos que nos pueden llevar a la vida que queremos, modificando precisamente esa información. Ojalá puedas tomarlos en algún momento que los necesites:

1) CONCIENCIA: Date cuenta, acepta y ama tu perfección divina. Somos hijos de Dios, estamos hechos a imagen y semejanza. Haz conciencia de tu realidad como ser humano con tu enorme capacidad para poner en acción tus sueños. Naciste con un plan armado especialmente para trascender y ayudar a trascender a otros. La felicidad es un estado que podemos elegir. Ni la pobreza, ni el sufrimiento ni el tener poco es lo que complace a Dios.

2) ENFOQUE: Pon tu energía en aquello que realmente quieres. Piensa en cuál es ese propósito por el cual estás vivo. Toma decisiones basadas en él, y no en lo que los demás les parece correcto o incorrecto. No se trata de hacer lo que sea por mero placer, sino de elegir LIBERTAD para estar y sentirnos bien en todo momento.

3) DEJA DE ESCUCHAR VOCES AJENAS: El estar pidiendo consejos a todo el mundo nos hace ir dejando a un lado nuestro propio derecho de elegir. Acércate a personas que te pueden ayudar pero al final, no escuches voces que sólo tratan de meter más ruido a lo que quieres. Recuerda que la felicidad de otros no es tu felicidad. Cada quien tiene su esquema y su vida.

4) ATRÉVETE Y TOMA ACCIÓN: Piensa en todo lo que podrías ganar al realmente estar donde quieres estar ¿Cómo sería tu calidad de vida? ¿Qué sería lo máximo que podrías “perder” si tomas esa decisión? Toma el teléfono y haz esa llamada. Escribe esa carta. Renuncia a ese empleo que te mantiene oprimido. Pide perdón. Cierra ese círculo que te quita tanta paz.

5) SUELTA: Después de tomar conciencia, enfocarte, hacer caso a tu intuición y dar los primeros pasos simplemente suelta, confía. Date el regalo de tu vida y disfruta pero alejándote el resultado. Dejar de pensar en qué van a decir, si voy a ganar, si me va a ir bien, qué van a opinar.

Nuestra vida es un espejo de nuestras decisiones. No tengas miedo de acercarte a lo que siempre soñaste, a la vida que realmente QUIERES. Sigue el camino que sabes te llevará a estar en un mejor lugar que el de ahora. No se trata de no amar quienes somos hoy o quejarnos de nuestra realidad, sino de darnos cuenta que podemos avanzar más en nuestra evolución espiritual, que a nadie afecta y a muchos ayuda. Y es ahí donde se manifiesta todavía más amor.

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